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Josep Pons, nombrado director musical honorario del Gran Teatre del Liceu

El 19 de julio de 2025, el Gran Teatre del Liceu anunció el nombramiento de Josep Pons como director musical honorario, una distinción excepcional que culminaba sus catorce años al frente de la dirección musical de la institución.

El acuerdo fue aprobado por el Patronato de la Fundación del Gran Teatre del Liceu como reconocimiento a una etapa que ha contribuido decisivamente a la transformación artística del teatro. Se trata de una distinción reservada a figuras cuya aportación ha dejado una huella especialmente significativa en la historia del Liceu y que mantendrán un vínculo institucional con la casa.

Desde su incorporación en 2012, Josep Pons impulsó un profundo proceso de crecimiento de la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu, consolidando su nivel artístico y ampliando notablemente el repertorio. Durante este periodo, las formaciones estables abordaron algunos de los mayores retos del repertorio operístico y sinfónico, con especial atención a compositores como Richard Wagner, Richard Strauss, Gustav Mahler, Claude Debussy, Alban Berg, Dmitri Shostakóvich, Giacomo Puccini y Giuseppe Verdi.

Bajo su dirección musical, el Liceu reforzó asimismo su proyección internacional mediante coproducciones con algunos de los principales teatros europeos, diversas grabaciones audiovisuales y una firme apuesta por la recuperación del patrimonio musical catalán y español, así como por la creación contemporánea.

El nombramiento como director musical honorario expresaba la voluntad del Gran Teatre del Liceu de preservar este vínculo artístico más allá de la finalización de su mandato. La distinción reconocía no solo los logros alcanzados durante estos años, sino también el legado dejado en las formaciones musicales y en la identidad artística del teatro.

El anuncio se hizo público tras la última representación de Falstaff, de Giuseppe Verdi, que puso fin a su etapa operística como director musical titular, pocos días antes del concierto de despedida con la Sinfonía n.º 8 de Gustav Mahler.

Con este nombramiento, el Gran Teatre del Liceu reconocía una de las etapas musicales más relevantes de su historia reciente y aseguraba la continuidad de una relación artística que seguirá formando parte de la vida del teatro en los próximos años.