El 27 de septiembre de 2023, el Gran Teatre del Liceu inauguró su temporada operística 2023/24 con Eugene Onegin, de Piotr Ilich Chaikovski, bajo la dirección musical de Josep Pons. La ópera regresaba al escenario del teatro después de veinticinco años de ausencia, con ocho funciones programadas hasta el 8 de octubre.
La producción, firmada por Christof Loy, era una coproducción del Gran Teatre del Liceu con la Den Norske Opera de Oslo y el Teatro Real de Madrid. Estrenada en Oslo en 2020, proponía una lectura atemporal y profundamente psicológica de la obra, con una escenografía austera de Raimund Orfeo Voigt, vestuario de Herbert Murauer y una integración orgánica del teatro y la danza desarrollada junto al coreógrafo Andreas Heise.
Los repartos alternativos estuvieron encabezados por Svetlana Aksenova y Kristina Mkhitaryan como Tatiana, y por Audun Iversen e Iurii Samoilov en el papel de Onegin. Alexey Neklyudov y Josep Bros interpretaban a Lenski, mientras que Victoria Karkacheva y Cristina Faus asumían el papel de Olga. Completaron los repartos, entre otros, Sam Carl, Adam Palka, Liliana Nikiteanu, Mireia Pintó, Elena Zilio, Janina Baechle y Mikeldi Atxalandabaso, junto a la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu, dirigido por Pablo Assante.
Desde el foso, Josep Pons abordó una partitura que combina el lirismo íntimo, la tradición sinfónica rusa y la admiración de Chaikovski por Mozart. Su interpretación puso especialmente de relieve los colores de la orquesta, la presencia expresiva de las maderas y el carácter teatral de los grandes números de danza —el vals, la mazurca y la polonesa—, elementos esenciales para la evolución dramática de la obra.
La recepción crítica valoró especialmente la calidad de la orquesta, el trabajo psicológico de la producción y la solidez de los dos repartos. Platea Magazine destacó el buen empaste de la formación y los solos de clarinete, fagot y oboe, mientras que otros medios subrayaron la fuerza visual y dramática de la propuesta de Christof Loy. Las valoraciones sobre la dirección musical fueron diversas, por lo que resulta más preciso presentar la producción como una apertura de temporada de gran relevancia que como un éxito crítico unánime.
Con Eugene Onegin, el Liceu recuperaba una de las obras fundamentales del romanticismo ruso y abría una temporada articulada bajo el lema «Grietas irreversibles», con una producción que exploraba la distancia entre los deseos individuales y las convenciones sociales que condicionan a los personajes.