El 22 de junio de 2025, el Gran Teatre del Liceu estrenó una nueva producción de Rusalka, de Antonín Dvořák, bajo la dirección musical de Josep Pons. La ópera, una de las obras fundamentales del repertorio checo, regresaba al Liceu en una coproducción con el Teatro Real, el Dresdner Musikfestspiele, el Palau de les Arts Reina Sofía y el New National Theatre Tokyo, con dirección escénica de Christof Loy.
Estrenada en Praga en 1901, Rusalka se inspira en las leyendas eslavas sobre las ninfas del agua y narra la historia de un ser que renuncia a su propio mundo por amor, aceptando un destino trágico. La partitura de Dvořák combina la tradición sinfónica centroeuropea, el folclore checo y una extraordinaria riqueza orquestal.
La producción de Christof Loy ofrecía una lectura psicológica del relato, alejándose del universo fantástico tradicional para profundizar en cuestiones como el deseo, la identidad, la incomunicación y la búsqueda de un lugar en el mundo.
El reparto estuvo encabezado por Asmik Grigorian como Rusalka, junto a Piotr Beczała, Okka von der Damerau, Aleksandros Stavrakakis y Karita Mattila, acompañados por la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu, preparado por Pablo Assante.
Al frente de las formaciones musicales del teatro, Josep Pons puso de relieve la riqueza tímbrica, la transparencia y el lirismo de la escritura orquestal de Dvořák, manteniendo al mismo tiempo la intensidad dramática de la obra. La crítica destacó especialmente la calidad de la dirección musical, el elevado nivel de la orquesta y el equilibrio conseguido entre el foso y el escenario.
Con Rusalka, Josep Pons incorporaba un nuevo hito a su recorrido por el gran repertorio centroeuropeo y culminaba una de las producciones más esperadas de la temporada 2024/25 del Gran Teatre del Liceu.